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Un destino turístico “regala” a un turista siete dólares en cosas insustituibles

Del: 27 Julio 2015

PIEB

El precio final de venta de servicios al turista no considera las externalidades o impactos en terceros, es decir el destino turístico está financiando a cada turista un promedio de siete dólares en cosas que son insustituibles, como la destrucción del medio ambiente, la contaminación, los problemas sociales, entre otros, dice Marcelo Arze, quien hizo una evaluación de este aspecto en Santa Rosa de Yacuma. 

“Cómo hacemos para empezar a internalizar estos costos que están en la manipulación de la fauna, en la contaminación del agua, en la contaminación sonora y ambiental por el uso de motores y tecnologías no adecuadas. 

Cómo hacemos: cambiar estas tecnologías para minimizar los costos ambientales e internalizarlos dentro del precio de venta al turista. Es decir si vamos a cambiar nuestra tecnología de generadores de electricidad por paneles solares, estamos generando una inversión que puede ser transferida, a través del precio, a los turistas para reponer esa inversión”, explica Arze, director ejecutivo de la Asociación Huellas Bienestar y Naturaleza, que estuvo invitado como expositor en el 3º Congreso Panamericano de Expertos en Turismo, Hosteles y Restaurantes Sostenibles, organizado por la Escuela Hotelera. 

En criterio de Arze, el turismo sostenible solo es posible de esta forma porque actualmente, para el caso de Santa Rosa de Yacuma, en la evaluación realizada para The International Ecoturism Society, calcula que se está dejando de cobrar siete dólares a cada turista. “Eso se traduce socialmente en pérdida de capital de las empresas –continúa Arze, en patologías sociales, como el narcotráfico, la prostitución, etc., y en problemas ambientales como la contaminación de los ríos por malos sistemas de alcantarillado, el uso de motores fuera de borda no adecuados para la zona…, por ejemplo la sustitución del equipamiento podría mitigar los impactos y hacer más sostenibles los destinos. La de Santa Rosa de Yacuma es una evaluación, pero pasan cosas similares en Uyuni y en Copacabana, donde podemos comenzar a internalizar los costos ambientales a través de la adopción de tecnologías más adecuadas”. 

Las externalidades se valoran a través de la forma de mitigar sus impactos, y el cálculo de esos costos. Arze insiste en que es necesario pensar en la sostenibilidad del país con políticas dirigidas a encarar estos problemas, que pueden permitir generar recursos alternativos al extractivismo de la actual matriz económica. 

Al margen de esas consideraciones de fondo, el entrevistado recordó que Bolivia es uno de los países probablemente menos competitivos en general, y en materia turística ubicado en el puesto 108 de 138 países evaluados por The World Economic Forum. “Eso nos nuestra que hay muchas limitaciones en nuestra competitividad”, dice Arze, aunque en el ranking de recursos naturales, culturales y humanos ocupa el puesto 38.

“Planificar en un ambiente de incertidumbre siempre es difícil –aclara Arze–, sin embargo si vemos nuestras potencialidades y nuestras limitaciones, podemos mediante un análisis FODA muy sencillo empezar a enfrentar algunas de esas limitaciones. Uno de los índices donde estamos peor evaluados es nuestra disponibilidad a recibir a los turistas, como sociedad, estamos en el puesto 138 de 138 países evaluados, eso se refleja en los conflictos sociales, en las condiciones de seguridad que han ido empeorando y en la actitud de los que prestan el servicio, no necesariamente turístico, a los visitantes, como los taxistas, etc”. 

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