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Reportaje: La sequía perpetua del Chaco boliviano

Del: 24 Noviembre 2014

Acción contra el Hambre-Misión Bolivia

 

La sequía en el Chaco boliviano es un fenómeno recurrente que afecta la producción agropecuaria, los ingresos y la salud de los pobladores de la región. Por este motivo, y desde el año 2011 hasta la fecha,  un consorcio de instituciones -conformado por Acción contra el Hambre, CARE, Ayuda en Acción, COOPI, el Centro A.G.U.A. de la Universidad Mayor de San Simón y la FAO- implementa en el Chaco boliviano el proyecto Geñoï, “Aumento de la Resiliencia Local a la Sequía”, con el financiamiento del Departamento de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Comisión Europea (ECHO). Este proyecto busca generar soluciones integrales y sostenibles para combatir el déficit hídrico constante en la región, con énfasis en la prevención y la gestión de riesgos de desastres. 

El Chaco es un sistema geográfico y ecológico con características propias en el que el 49% de la población es rural, por lo tanto, relacionada a la producción agropecuaria. Salvo pocas excepciones, el área rural del Chaco presenta un grado alto de insatisfacción en cuanto a necesidades básicas: educación, salud, vivienda e infraestructura social.

El proyecto, que ya tiene dos etapas (2011-2012 y 2013-2014), es financiado por la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil de la Unión Europea (ECHO) y tuvo como una de sus principales características el incluir de manera estratégica a la sociedad civil y al Estado en todas sus acciones. Una autoridad nacional clave para el proyecto es Franklin Condori, Director General de Prevención y Reconstrucción del Viceministerio de Defensa Civil, que a su vez es la Secretaría Técnica del CONARADE (Consejo Nacional para la Reducción de Riesgos y Desastres), entidad responsable, entre otras cosas, de la declaración de zonas de riesgo en el país. “La temática de la sequía requería una intervención de nivel comunitario acompañada por una acción nacional”, comenta Condori, a tiempo de informar que desde 2006 se implementaron varias acciones en el Chaco para luchar contra la sequía, pero que estas no fueron estructurales y se abocaron más al combate de los efectos de la emergencia que a la prevención del fenómeno. “Para nosotros, ya hay una política de Estado para la gestión del agua en el país”, afirma, llamando a combinar los programas nacionales, como Mi Agua, con programas regionales específicos.

Oscar Álvarez es ingeniero agrónomo y trabajó desde el inicio del proyecto Geñoï en representación de CARE. Para él, la sequía en el Chaco no debe ser pensada como una emergencia: “Si bien es un riesgo climático, no es un maremoto o terremoto, existen muchos síntomas que ayudan a prevenirla, te puedes preparar, lo que pasa es que estamos acostumbrados a que llegue el desastre y luego pedir ayuda”, reflexiona, y tiene razón; la mayoría de las medidas prácticas de incidencia de Geñoï consistieron en soluciones baratas, hasta lógicas, más cercanas a la experiencia, el ingenio y la articulación que dependientes de grandes recursos económicos. Para Álvarez el problema debe ser combatido por todos, tanto de manera individual, colectiva, municipal, departamental y nacional. Ejemplifica las medidas impulsadas por el proyecto: distribución de aljibes para cosechar agua en época de lluvias y guardarla, manejo planificado del ganado y creación de reservas de forraje, el cuidado y preservación de las micro cuencas de agua en la región mediante cobertura boscosa especial y cercado de las vertientes, instalación de medidores domiciliarios para evitar el despilfarro de agua, la mejora de las semillas y modos de cultivo, el mejoramiento de los trojes en los que se almacena la producción y varias más. 

Hay una certeza en ambos entrevistados al hablar del proyecto: la formación a los directos implicados marca la diferencia: “El proyecto ha permitido que la comunidad tome amplia conciencia de prácticas positivas para resolver el problema de la sequía […] algo importante que ha resultado de Geñoï es identificar a la educación como elemento clave para la reducción de riesgos”, reflexiona Condori. 

El proyecto trabajó en varios ámbitos: medidas demostrativas, fortalecimiento institucional a municipios y, en general, la aplicación de una visión holística de los sistemas de agua, todo ello en coordinación directa con comunidades guaraníes. Acerca de la experiencia de trabajar adaptándose a la organicidad y modos propios de los guaraníes, Álvarez comenta que fue más difícil empezar a trabajar con las capitanías, pero una vez que ésta decidía que iba con el proyecto, el trabajo era fácil. “Hay que respetar sus tiempos, sus fiestas y sus formas de trabajar, no romper sus esquemas y organización”, recomienda.

¿Qué falta hacer? Como todo proyecto de intervención, la sostenibilidad es el desafío. Para ello es fundamental que los resultados positivos no queden en la gestión de un alcalde sino que se consolide en la planificación municipal del desarrollo, que exista planificación en la gestión de riesgos a nivel local, que se incluya en los  PDMs y POAs municipales. “Es importante hacer investigación científica para determinar la demanda de agua en el Chaco ante el aumento sostenido de población y ganado en la zona”, proyecta y concluye Condori.

 

 

 

 

 

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