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Bien común, bienestar y Vivir Bien

Winston Estremadoiro - Correo del Sur
Jueves, 16 Julio 2015 691 visitas

Al escuchar la alocución del papa Francisco en la Catedral de la ciudad de La Paz, percibí cierta indirecta del Pontífice cuando advirtió sobre una eventual confusión entre el “bien-estar” y el bien común. Son utopías de moda exacerbadas por el aporte político-filosófico de dos portaestandartes del populismo indigenista del socialismo del siglo 21, Evo de Bolivia y Correa de Ecuador, y sus respectivos Vivir Bien y Buen Vivir. La raíz indígena de esos dos países es común: ¿por qué entonces dos frases distintas para decir lo mismo? Se hila fino con ideas del bien común, bienestar y Vivir Bien (o Buen Vivir), si se toma en cuenta la madre africana común y el mestizaje de los que evolucionó la diversidad fenotípica de las gentes. 

Circunscribiéndonos al discurso de Francisco, “el bien común es algo más que la suma de intereses individuales; es un pasar de lo que ‘es mejor para mí’ a lo que ‘es mejor para todos’, e incluye todo aquello que da cohesión a un pueblo: metas comunes, valores compartidos, ideales que ayudan a levantar la mirada, más allá de los horizontes particulares.” Hay afinidad con los conceptos de David Choquehuanca, quien tal vez lo haría mejor de filósofo aimara en vez de Canciller boliviano. El Buen Vivir propende a la dignidad del que vive de lo necesario en vez de consumir irreflexivamente. A la acumulación individual, “se busca una justa repartición y distribución del bien común”, dice una religiosa del Ecuador. 

Alguna definición limita el concepto de bienestar al “conjunto de aquellas cosas que se necesitan para vivir bien”. Habla de “dinero para satisfacer las necesidades materiales, salud, tiempo para el ocio y relaciones afectivas son algunas de las cuestiones que hacen al bienestar de una persona.” Del momento en que se habla del vil metal es una noción dudosa: conozco personas de mucha riqueza y poca felicidad.

A eso se refiere el Pontífice cuando puntualiza que “el bienestar que se refiere solo a la abundancia material tiende a defender los intereses de parte, a no pensar en los demás, y a dejarse llevar por la tentación del consumismo. Así entendido, el bienestar, en vez de ayudar, incuba posibles conflictos y disgregación social; instalado como la perspectiva dominante, genera el mal de la corrupción que cuánto desalienta y tanto mal hace.”

Así explicada, ¿cómo no hacer eco de la reflexión papal, en sentido de confundir “sin darnos cuenta el ‘bien común’ con el bien-estar”? Imagino que Francisco se refería a los poderosos al decir: “Y se va resbalando de a poquito, de a poquito y el ideal del bien común se va perdiendo y termina en el bienestar, sobre todo cuando somos nosotros los que disfrutamos y no lo otros.” Quizá censuraba el boato eclesial, pero apuesto que miraba a los mandamases.

Concuerdo en que tanto el ‘bien común’ como el ‘vivir bien’ son utopías y poco importa si provienen de sabiduría ancestral, de la evolución del pensamiento de Occidente, de Oriente, o de extraterrestres que legaron su saber a pueblos antiguos. Son imperfectos los que ejecutan la buena intención de las utopías.

Revisando los cuatro pilares del Vivir Bien en Bolivia, como los encomenderos coloniales, ‘se obedece al Rey, pero no se cumple’. ¿Escuchan la voz de la gente en priorizar la salud?; ¿obedecen a la Madre Tierra cocaleros que esquilman tierras vírgenes del Tipnis? Tal vez comparten con reciprocidad en aisladas aldeas aimaras, ¿y en el resto del país? No me digan que los invasores de tierras se complementan con la Pachamama. ¿Sabe alimentarse el que no sabe de nutrición o no tiene dinero?; ¿festejan bien en las fiestas de tres días? El Gobierno dialoga y resuelve conflictos con leales del régimen; a los otros, palo con ellos. Los corruptos saben trabajar; díganlo los ‘originarios’ del Fondioc: para ellos laburar es felicidad y fiesta.

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